Hace poco más de dos años que trepé con mi ignorancia a cuestas en la cresta de las redes sociales. Primero fue Facebook, luego un blog y al final Twitter, el microblogging que ha demostrado ya su músculo entre los usuarios de la red en México. Poco a poco me fui involucrando en ese fascinante universo y, desde el aislamiento de una redacción, encontré otra ventana por dónde mirar y conectarme con... iba a decir el mundo, pero no. Las redes sociales no son el mundo, aunque a veces nos lo parecen, sobre todo si nuestros días transcurren entre paredes de papel y luces de noticias artificiosas y a veces artificiales. ¿Y a cuento de qué todo lo anterior? A propósito de un serie de una deuda que tenía pendiente con un proyecto en el que estoy involucrada por puro gusto: Hacks & Hackers.
Me explico: Sólo en una redacción de muchos tiempos muertos tuve la posibilidad de automediocapacitarme y experimentar con mis redes sociales y mis blogs. Copiaba un poco de aquí, leía un poco de allá, me pasaba horas intentando subir una foto, un audio, experimentar con un diseño, compartir noticias. Mucho tiempo invertido en retos básicos para alguien que se pretende involucrada en el mundo del internet. Peor que mi incapacidad de entonces --que en muchos temas sigue vigente-- fue descubrir desde entonces que la mayoría de los sitios de que disponía para aprender estaban escritos en inglés o en español de España. Es decir, no encontraba contenidos en sitios mexicanos.
Como yo, debe haber muchos periodistas interesados en involucrarse más y de mejor manera en el mundo de las redes sociales, los blogs y las herramientas de internet que potencializan nuestra labor. Por desgracia, por experiencia propia sé que son pocos los espacios donde hacerlo y de allí mi interés en participar en Hacks & Hackers, que a la fecha ha llevado a cabo tres encuentros --uno en el Telmex Hub y dos en el Tec de Monterrey campus Ciudad de México--. Para estar allí me ha bastado mi interés, un poco de colaboración y acelerar el paso de mi entendimiento para comprender todo lo que hay en torno de nuevos proyectos en la red. Pero de nuevo, para desgracia mía, han sido pocos los periodistas que se han involucrado y muchos los programadores cuyo lenguaje, si soy franca, se me resbala de la comprensión. Como sea, he llegado a la desfachatez de presentarme allí, frente a los profesionales, con mis intentos de periodismo on line (http://periodismoentiemporeal.tumblr.com), con mis blogs que se pretenden espacios de difusión de temas periodísticos (http://agendadeperiodismo.blogspot.com y http://ponteenmedio.wordpress.com) y con mis quejas y peticiones: los periodistas necesitamos apoyo para emprender proyectos propios, necesitamos capacitación, disposición de quienes saben, espacios y tiempos propios para nuestros horarios y condiciones laborales. Pero los periodistas también tenemos que estar allí, escuchar, aprender, debatir... Hasta ahora, la mayor parte de los proyectos que he conocido, de los sitios presentados, o no son de periodistas aunque su propósito sea informativo, o son los sitios ya consolidados como Animal Políticos (http://www.animalpolitico.com) o La Silla Rota (http://www.lasillarota.com). A propósito he propuesto a quien se deja llevar adelante una especie de laboratorios para emprendimientos periodísticos, un espacio donde los periodistas con proyectos --o la sola idea-- para la red puedan encontrar asesoría y apoyo, en tiempos que nos exigen nuevas capacidades laborales, ya sea que se trate de reporteros y editores de medios formales o aquellos que han apostado por el freelance.
Hacks & Hackers bien podría convertirse en ese laboratorio si hay participación, si los periodistas ocupamos ese lugar, si nos damos cuenta del impacto de hacer de nuestro nombre una marca de calidad en las redes. Y se puede.... Desde los espacios de la red podemos potencializar nuestras coberturas, ganar independencia, interactuar de manera más efectiva con los ciudadanos, aprovechar la información que fluye para provecho de nuestra propia labor. Lo importante, digo yo, es mirar lo que está ocurriendo, ya no en países donde el internet es un bien al alcance de casi todos, sino aquí mismo, en México, donde las redes se han convertido en el espacio de convocatoria más importante en el último año. Y sobran los ejemplos: #internetnecesario, #GuarderiaABC #NomasSangre #losqueremosvivos (por lo que nos toca como periodistas), #AcampadaCongresoMx y la #MarchadelasPutas (como ejemplos recientes).
Las redes sociales, el internet, no son el mundo real, insisto. Pero algo están transformando y tenemos que estar allí. En estos días, mirar el mundo incluye abrir la ventana de la red... Aprovechemos la oportunidad y ocupemos nuestro espacio en la red y en las redes, con periodismo, con contenido y con ideas.
lunes 13 de junio de 2011
martes 3 de mayo de 2011
Libertad de expresión en México: balance incierto
"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar."
Eduardo Galeano
Hace meses que me ronda la confusión. Al cabo de una etapa de poco más de dos años involucrada en actividades de defensa de la libertad de expresión, sigo en un balance incierto. Durante este tiempo he compartido el empeño, el compromiso, el esfuerzo y la dedicación de muchos compañeros de las organizaciones de la sociedad civil, que han transitado trechos más largos de camino y topado en más de una ocasión con el límite de la frustración, sin abandonar por ello la ruta. He aprendido de ellos tanto como de mis compañeros periodistas. De estos últimos, sobre todo. He mirado, de cerca y de lejos, los esfuerzos individuales y colectivos de muchos reporteros, fotógrafos, camarógrafos, empeñados en derribar el miedo, la mediocridad, la amenaza, la adversidad laboral, para cumplir nada más que con la pasión por informar, por reportear.
De uno y otro lado he visto los esfuerzos por remontar la indolencia de autoridades, legisladores, políticos que han lucrado con la moneda corriente de la violencia contra periodistas, las agresiones contra la prensa. He visto crecer el valor aquí y allá. He escuchado levantar la voz a muchos para que llegue clarita a esos directivos y empresarios de medios bien acomodados en la indiferencia, los buenos negocios ajenos al periodismo y los acuerdo a modo.
Hasta allí, todo optimismo. Ganas de arremeter contra los malos tiempos al lado de esa tribu que compromete hasta la piel en la tarea de hacer y defender el periodismo. Y de pronto... Del ímpetu a la desidia, del esfuerzo colectivo a los caminos divididos, del empuje a la inercia.
En los últimos meses las muchas manos que sostenían la causa de la libertad de expresión y la defensa de los periodistas se soltaron. O aflojaron. Da la impresión de que hemos perdido el paso y cada quien camina al ritmo de sus propios recursos y fuerzas. Es cierto que ha habido dinamitas, turbulencias, golpes de timón. Prioridades para la supervivencia. Oportunismos agazapados.
Al final, se ha diluido lo que parecía sólido hasta el año pasado. De las voces que se levantaron en coro quedan murmullos, se relajó el músculo de la indignación. De qué otra manera explicar los fantasmas que se pasean únicos por el escenario de la libertad de expresión: protocolo de seguridad para periodistas (Segob) Fiscalía de Delitos contra Periodistas (PGR), Comisión de Seguimiento a Agresiones a Periodistas y Medios (Cámara de Diputados), Casa de los Derechos del Periodista (GDF), Acuerdo para la Cobertura de la Violencia (gobierno federal y empresas de medios).
No es buena señal que los periodistas y las organizaciones abandonen la escena, no alienta mirarlos en las gradas, no es bueno saber que sólo habrá ocasión una vez al año, quizá dos o tres, para que la voz escale sostenida por un micrófono. No anima a la solidaridad que se impongan los intereses personales o de grupo. El orgullo de gremio, de colegas, se lastima sin remedio por las debilidades personales de la ética y el compromiso.
Los ciudadanos de este país no sólo merecen una prensa digna --y la hay--, periodistas impecables --y los hay-- organizaciones generosas --y las hay--, sino la suma de todos ellos para asegurar el pleno ejercicio de la libertad de expresión, la libertad de presa y el derecho a la información. Es compromiso de todos, tarea que requiere multiplicarse y no dividir. Los pasos adelante deben sostenerse para no perder lo ganado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





