viernes, 10 de septiembre de 2010

Cómo nos queremos vivos? Opina, participa...

En la marcha del 7 de agosto, las y los periodistas del país descubrimos que podemos transitar juntos por una misma ruta y llegar a acuerdos a pesar de nuestras diferencias, porque una misma causa nos ha unido: el compromiso por respetar y hacer respetar sin restricciones la libertad de expresión y el derecho a la información, en condiciones de seguridad y como garantías vigentes para toda la caiudadanía.
Sabemos de su interés por contribuir desde nuestros espacios cotidianos, a alcanzar una meta en común: lograr mejores condiciones para el ejercicio periodístico y promover su calidad, compromiso y responsabilidad social.
Por eso, convocamos a las y los periodistas, fotógrafos, camarógrafos y trabajadores de los medios de comunicación de las 31 entidades del país y el Distrito Federal a analizar, dialogar, diagnosticar y proponer acciones que nos conduzcan, a partir de nuestras distintas realidades, a responder ¿CÓMO NOS QUEREMOS VIVOS?
Invitamos a las y los periodista de este país a participar en un gran diálogo nacional, a partir de las propuestas de cada estado.
Que en cada entidad, los y las trabajadores de los medios hablen, discutan, analicen, propongan y, finalmente, aporten una propuesta en común, construida a partir de la pluralidad de voces.
Proponemos como temas para la reflexión, los siguientes:
- Capacitación profesional
- Protocolos de seguridad
- Ética periodística hablamos
- Dignificación de la profesión
- Qué necesitamos de los medios
- Cómo renovar nuestro compromiso y vínculo con la sociedad
A partir de ahora queda este espacio abierto para que cada entidad aporte sus reflexiones y conclusiones sobre la profesión con la que todos estamos comprometidos.
LOS QUEREMOS VIVOS

jueves, 26 de agosto de 2010

Ojos bien cerrados: los medios frente a la violencia

Asesinaron a 72 migrantes. Los secuestraron, los retuvieron, intentaron extorsionarlos, los querían obligar a  trabajar para el crimen organizado, se negaron, los maniataron, les cubrieron los ojos, ellos rogaron, lloraron... Y nadie pudo ayudarlos. Nadie se dio cuenta. Y sucedió en el territorio de un estado, en un país que se cree con "instituciones" y "autoridades", que destina miles de millones de pesos al año para sostener una "infraestrctura de Estado", incluidas fuerzas de seguridad. Al menos eso dicen... Pero a estas alturas quién, de veras, puede creer que tenemos un país de instituciones y la leyes... Yo no. Muchos menos cuando leo que al señor Calderón no se le ocurre nada mejor que atribuir la barbarie a los cárteles del narcotráfico. Como si no fuera trabajo suyo impedir, precisamente, la operación y actuación impune de esas bandas.
En la prensa, la matanza de esos 72 seres humanos comparte espacio en la primera plana con el despilfarro legislativo, con su frivolidad a prueba de realidad. Y por lo visto, así seguirán los diarios: dando cuenta de la violencia y la frivolidad, en partes iguales. Sangre y espectáculo, el discurso del miedo y la diversión.
No podemos más porque no tenemos con qué. Las herramientas del periodismo mexicano apenas alcanzan para reproducir declaraciones a la misma velocidad que contamos muertos y celebramos exiguos triunfos "nacionales" (como si una miss universo alcanzara para medir nuestra estatura de país). En México, el lugar común obliga adaptación: sangre y circo. Y en las gradas, la prensa aplaude y chifla. No puede más. No quiere más.
La estructura actual de los medios impide prácticamente cualquier posibilidad de investigación: cada vez hay menos reporteros en las redacciones y los pocos están obligados a multiplicarse en la multimedia, término harto rimbombante para describir la pobreza de oferta y recursos, pues no se trata más que  de reproducir una misma nota en soportes distintos.
Condenados por la orden del día --y también el gusto propio a la comodidad-- los reporteros transitan sus días, uno igual a otro, en la cobertura de conferencias, a las que llegan sin más provisiones que una grabadora, listos para escupir después, siempre entrecomillada, la que será su nota del día, la que los periódicos publicarán bajo engaño de que es la información más importante de entre todo lo que pasa en el país y el mundo. Esa es la medida para los hechos del día, de ese tamaño la jerarquización.
Así, a las manos de editores condenados a la burocracia informativa, llegarán las "importantes declaraciones" del día, que ellos se encargarán de jerarquizar y vestir con lucidas infografías. Habrá que advertir que muchos de ellos no han sido reporteros, que algunos llegaron del salón de una universidad a la edición, y sin escalas. Habrá que acusar su falta de experiencia, su pobreza de lenguaje y cultura, su falta de lecturas y de imaginación periodística, la que exige un vuelo periodístico un poco más arriba que a ras de tierra. Son editores sin memoria, que se asumen jefes de información cuando su mirada alcanza apenas su nariz y la pantalla del breaking news. En manos de ellos están los hechos de cada día y a veces la seguridad de personas como el superviviente del asesinato colectivo en Tamaulipas.
Así, mientras cientos de reporteros y editores viven con la inteligencia clavada en una nuez, el país espera una prensa de investigación, periodistas que exijan cuentas a nombre de los ciudadanos. Allí nuestra responsabilidad frente a la violencia, que también tiene biografía. ¿Acaso no será necesario remontar atrás y revisar perfiles y trayectorias de gobiernos y gobernadores que pasaron por Tamaulipas? ¿A ojos de quién se incubó el huevo de la serpiente en un estado estratégico para la política energética y de comunicación marítima? ¿Quién ha sido responsable de lo que sucede en Tamaulipas y en otros tantos estados del país? ¿Por qué de mal vamos para peor? ¿Qué resultados entregan los responsables de este país del gasto millonario en seguridad, sacrificando otras necesidades? ¿Qué hay por delante?
Cercada ella misma por la violencia, la prensa no atina más que a salvar el día a día, evadiendo su propio juicio, su autoevaluación, posponiendo un cambio necesario y urgente.
Al habernos despojado de las más ambiciosa de las tareas periodísticas que es la investigación, la prensa es sólo la vitrina que exhibe desgracias, justificaciones y una que otra anécdota de paso.
Frente a ese espectáculo miserable y pobre, quién puede menos cerrar los ojos y pasar de largo.

sábado, 14 de agosto de 2010

#losqueremosvivos: movimiento en construcción

Hoy se cumple una semana de un lema en movimiento. Los Queremos Vivos salió a la calle el pasado 7 de agosto, multiplicado en cada uno de los periodistas y ciudadanos de este país, que desde cada una de sus ciudades levantaron la voz para exigir: Ni uno más.
No más muertos en las filas de los reporteros, camarógrafos, fotógrafos, periodistas todos. No más silencio ni impunidad. No más expedientes abandonados en el archivo de la desidia de procuradurías, fiscalías y autoridades de cualquier orden. No más agresiones, amenazas, intimidaciones para la prensa de este país. No más miedo frente a nada ni frente a nadie.
Bajo este cielo, los periodistas de todo el país hemos encontrado, como nunca, el arropo de ciudadanos que comparten nuestra preocupación por la defensa imprescindibles de Tu Derecho a Saber y Mi Derecho a Informar, porque la libertad de expresión no puede caminar sola sin el derecho a la información. Por eso todos los queremos vivos. A los periodistas que informan y a los ciudadanos que nos leen, que nos escuchan, que nos ven. No hay uno sin el otro.
Todavía hoy, hay quienes se preguntan si los periodistas merecen un trato de excepción. Si su demanda será justa sólo en la medida que agregue a 28 mil mexicanos muertos en los últimos tres años y medio. Si no hay detrás la paradoja y la contradicción de un oficio que lleva implícito el riesgo. Al cabo muchos llegaron a éste imaginando emociones y aventuras. La duda ronda: ¿los periodistas tenemos derecho a exigir?
Seguro sí. Estoy convencida. Muchos estamos convencidos. Pero habrá que remontar, porque esa duda germinó en tierra abonada por el descuido, la negligencia y la propia irresponsabilidad para con nuestro oficio y con los ciudadanos. No hemos aceptado prescindibles en la medida en que hemos renunciado a ser mejores, íntegros, éticos. Y lo peor, en la misma medida hemos alejado de la conciencia pública el valor del periodismo como garantía de derecho. Por eso hoy se atreven los diputados a decir que hay libertad de expresión, porque todo el mundo puede decir lo que quiere; que cualquier se informa donde quiere y como quiere. Así de básico y así de inútil su entendimiento sobre dos derechos imprescindibles para la democracia y la justicia.
Pero posiciones como ésas no serán las únicas trampas en el camino para los periodistas que han tomado como propio el lema de Los Queremos Vivos. También acechan demonios entre nuestras filas. Las ganas de dividir o de excluir, las ambiciones desbordadas, las tentaciones de poder, el deseo de apropiarse de lo inapropiable. Correr a riesgo de tropezarse y desbarrancar en el impulso un esfuerzo colectivo a largo plazo.
Como nos queremos vivos, necesitamos de todos. Es un lema en movimiento y es de todos. Honrémoslo.